Manifiesto Contra la Quimiofobia

Estoy harto. Muy, muy harto. Y cansado. Y seguro que compartís este sentimiento. Desde hace mucho tiempo convivo con gente a mi alrededor que dice que su azúcar moreno es mejor que la blanca. Que la cerveza está mejor sin sulfitos. Que prefieren los champús sin siliconas por algún motivo que no saben explicarme. Que las vacunas y medicamentos son contraproducentes y prefieren la homeopatía.

Y mil sin-sentidos más.

La Química: Enemigo Público Número 1

Como químico, se lo peligrosos que son los productos, pero también sé de sus beneficios. Y de sus dosis. Sé que no se comercializan venenos como una conspiración de los gobiernos contra el pueblo llano. Sé que todo lo que sale al mercado tiene detrás a una legislación dura, unos estudios científicos y unos análisis rigurosos (regidos por leyes también muy duras).

Todo surge de la QUIMIOFOBIA. Además de ser una tendencia de moda “sana”, se está convirtiendo en una enfermedad psicológica real según muchos psicólogos. Es una aversión irracional, un prejuicio, contra sustancias químicas o la química en general.

La IUPAC (Unión Internacional de Química Pura y Aplicada), que es la mayor institución en relación a la química, define quimiofobia como un miedo irracional a los productos químicos.​ Según el American Council on Science and Health, la quimiofobia es un miedo a sustancias sintéticas derivadas de historias de terror y afirmaciones exageradas sobre sus peligros en los medios de comunicación.

Se atribuye a una razonable preocupación sobre los posibles efectos adversos de los productos químicos sintéticos, pero también a un miedo irracional a estas sustancias, debido a conceptos erróneos acerca de su potencial de daño. También puede tener raíces en casos particulares y excepciones, la guerra química o desastres industriales.

Aquí reside el problema. El lenguaje se ha tergiversado. Los productos químicos se han convertido en un sinónimo de algo artificial, adulterado, peligroso o tóxico. Las sustancias químicas son malas. Malísimas. Para ti y para el medio ambiente. Pero he aquí una realidad:

TODO ESTÁ HECHO DE ÁTOMOS Y MOLÉCULAS. TODO ES QUÍMICA.

Por tanto, no hay manera de huir de los productos químicos.

“¡Peligro! El agua contiene elevados niveles de hidrógeno”. Esto sugería un cartel de un pueblo estadounidense, consiguiendo apartar del agua a los bañistas. Spoiler: la composición del agua es 2 átomos de hidrógeno por uno de agua. Si estas personas piensan eso del agua, mejor no les propongo ideas sobre la sostenibilidad de la energía nuclear.

Saber lo que comemos

Es preocupante, sobre todo, en el tema alimentario.

“Sin conservantes, sin aromas artificiales, sin colorantes”. Que un yogurt no tenga añadidos, no significa que sea necesariamente mejor. Es una vergüenza que los que trabajan en esta industria permitan la publicidad que fomenta un absurdo terror a aditivos. Un yogurt sin conservantes caduca antes y nos podría sentar mal. Los aromas artificiales salen mayormente de productos naturales, pero aislando los compuestos principales. Los colorantes no matan (al menos los alimentarios).

Luego están los famosos, que aparecen promocionando productos “Sin sulfitos, ni aditivos, ni conservantes, ni ingredientes modificados genéticamente”. Como el cocinero Alberto Chicote, que anuncia cerveza sin todas esas cosas.

Pero,¿qué es un sulfito? Gracias por preguntarlo, voces de mi cabeza.

Los sulfitos son antioxidantes usados en la industria alimentaria. Están presentes de manera natural en bebidas alcohólicas (aunque a veces se añada para potenciar su acción) y tienen actividad fungicida y antimicrobiana. Evitan la fermentación de las levaduras, evitando fermentaciones espontáneas (evita que se avinagre el vino, bloqueando a las responsables, las bacterias acéticas y lácticas).

También es usado como antioxidante en conservas de crustáceos o vegetales, apareciendo en latas de crustáceos o aceitunas de mesa. Se encuentran etiquetados del E220 al E228 y hace 2000 años los romanos ya lo usaban. Pero como suena meridianamente científico, ya es malo para la sociedad.

Sin embargo, el único efecto negativo demostrado es que por encima de cierto rango, afecta a aquellos que padecen asma, ya que produce una leve inflamación en estos. Por ello hay normas muy exhaustivas sobre su análisis y etiquetado. Por eso, no sólo es mala la publicidad que dice que “no contiene sulfitos” porque sugiera que es malo. Es falsa. Sulfitos contiene de manera natural.

En el mercado hay galletas que llevan fibra. Ahora las empresas dicen que sus galletas llevan betaglucanos de avena (que, adivinad, no son otra cosa que fibra) y consiguen vender más. La última gran alarma, generada con el aceite de palma, ha sido la gran farsa de los últimos años. Nadie a mi alrededor ha sabido decirme por qué han dejado de tomarlo.

Y con los organismos genéticamente modificados ni me meto.

Cosmética “verde”

Los champús sin parabenos o sin siliconas son otra cosa que me horroriza. Nos venden productos que prometen ser más naturales pero ningún estudio lo ha demostrado de forma concluyente. Al contrario. En algunos casos la industria puede encontrar dificultades para sustituir ese ingrediente y el resultado es aún peor.

Las siliconas se encuentran en champús, acondicionadores, mascarillas, sérums y maquillajes… Son las encargadas de dejar esa textura sedosa en el pelo, recubriendo cada cabello de un velo invisible que proporciona brillo a nuestro pelo. Evita la deshidratación, actúa como protector térmico, evita el encrespamiento, dan cuerpo, ayudan a peinar y evitan nudos y dan brillo.

Ciertas personas dicen: “¡es que el cabello no respira!¡Es un producto graso y obstruye los poros!”.

Las siliconas que se utilizan en cosmética son similares a aceites, con la diferencia de que no se pone rancio y que deja pasar los gases (como el oxígeno). Es cierto que a largo plazo puede obstruir los poros de la piel cuando se usa como maquillaje, o que puede impedir que actúen ciertos principios activos de otros productos. Pero la duración de las siliconas es temporal. Y conociendo estos datos, basta con dejar de usar productos con siliconas antes de aplicar otros tratamientos.

Y qué decir sobre los parabenos. Últimamente está de moda evitarlos.

Los estudios científicos avalan  que cualquier efecto estrogénico que puedan tener los parabenos de los productos cosméticos es insignificante comparado con aquellos procedentes de los estrógenos naturales.

Sin embargo, son una controversia popular propagada mediante correos electrónicos y tutoriales de maquillaje de influencers.​ Se ha despertado la preocupación sobre el posible potencial carcinógeno de los parabenos  aunque la comunidad científica no haya encontrado ninguna correlación con el cáncer.

En septiembre de 2016, la FDA prohibió el triclosan, junto con otros ingredientes antimicrobianos, en productos de limpieza de venta libre, basándose en que es insuficiente la evidencia que demuestra la seguridad de su uso diario a largo plazo y sobre su eficacia en la reducción de enfermedades e infecciones. Sin embargo, la misma organización que ante la duda quita del mercado un producto, no nos sirve como aval de producto seguro para los parabenos.

Contra la Salud

Y no nos metamos con la homeopatía o con las terapias alternativas como sustitutos de la medicina y los fármacos porque me sulfuro. O beber agua o leche “cruda“, sin tratar. Estamos pidiendo selección natural a gritos. Nos morimos por tontos.

La gente está dejando de vacunar a sus hijos. ¿Pero estamos locos? ¿Es qué nadie piensa en los niños?

El Veneno está en la Dosis

Independientemente de los aditivos que quitemos o añadamos, apelo a Paracelso: “el veneno está en la dosis”. Porque el agua nos puede matar. O las manzanas. Y mejor no hablar de las almendras amargas.

Si tomamos la dosis suficiente, todo, absolutamente todo, natural o artificial, nos puede matar. 200 gramos de sal matan. Y, dependiendo del aguante de cada uno, alrededor 50 chupitos de vodka te pueden matar si te los tomas en una noche. Estamos rodeados de productos realmente peligrosos como la lejía, el amoníaco, disolventes… Y nos preocupa una mínima cantidad de fosfatos en el jamón, de silicona en el champú o de cloro en el agua.

Según el Instituto Nacional de Toxicología, la mayoría de incidentes químicos se producen en los domicilios particulares y los fines de semana, por la mala manipulación de los productos. No por contaminación de productos o por accidentes industriales.

Falta cultura científica. Y faltan ganas de saber lo que tenemos entre manos.

Un mundo de luz y color

Me fascina el mundo de la publicidad. Como algo positivo. Creo que hay que ser muy inteligente para reducir a pocas imágenes todos los conceptos asociados a un producto. Pero cuanto más inteligentes somos, y cuanto más sabemos sobre algo, más retorcemos esa realidad para transformarla a nuestro antojo.

 

Los toxicólogos y los periodistas hacen titulares sensacionalistas como que el nivel de mercurio de los pescasdos y mariscos te puede matar, porque necesita llamar la atención. Tanto para mejorar una situación que va a peor sin ser el peor de los casos, como para vender. Y la sociedad solo se para a leer un artículo en caso de alarma social o desnudos en el interior.

Pero un publicista tiene más opciones. Puede vender manifestando las ventajas de su producto, o hundiendo a la competencia. Decir que careces de un componente que usan los demás, haciéndolo parecer peligroso, no sólo perjudica al resto de empresas señores publicistas, también engaña a los consumidores.

Manifiesto Contra la Quimiofobia

Por esto, os propongo un manifiesto en contra de la quimiofobia. Habrá ya alguno. Y escrito por personas más importantes. Yo lo que propongo es aplicarlo a la vida diaria. Ser conscientes del problema y aplicar soluciones desde nuestro ámbito más cercano. Concienciar. Tener un compromiso con la sociedad. Y fallaremos en el camino. Nos equivocaremos. Pero debemos tener buena voluntad.

Este es mi manifiesto:

Me comprometo a (intentar) cumplir el Manifiesto
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Adán Correa Álvarez

Fan del gato de Schrödinger. Quiero una nariz superlativa. En esta casa se siguen las reglas de la termo. Dinámica. A veces me hacen falta subtítulos. Complejo. Graduado en Ciencias Químicas porque me gustaba la Investigación. Ahora Investigo cómo encontrar trabajo con las Ciencias Químicas. Mientras tanto, divulgo.

3 comentarios sobre “Manifiesto Contra la Quimiofobia

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