Ese ungüento amarillo que para todo sirve pero que nada cura

La historia del veneno se remonta a miles de años atrás. Los venenos han sido usados para muchos propósitos durante toda la existencia humana, como armas, antídotos y medicamentos. Han permitido grandes avances en ramas de la medicina, toxicología y tecnología.

Los científicos de la antigüedad probaban y olían todo tipo de sustancias, para poder describirlos. El químico sueco Scheele describió cómo olía y cómo sabía el cianhídrico, que es uno de los venenos más potentes. Ahora, aunque somos más cobardes, tenemos una mayor esperanza de vida.

La catedrática Adela Muñoz Páez, que escribe el libro Historia del Veneno (aquí podéis encontrar el libro), asegura que en la actualidad se puede descubrir el uso de cualquier veneno, si bien los que dejan más rastro son los metales pesados como el arsénico, el talio y el antimonio. Los venenos orgánicos se procesan por el organismo y son más difíciles de detecta. Pero en los laboratorios actuales se puede detectar en el cabello incluso el consumo de estupefacientes efectuado meses o años antes del análisis.

Hagamos un repaso a 9 venenos a través de la historia…

Curare y la conquista de América

Desde los albores de la humanidad, cuando el hombre aprendió a caracterizar la toxicidad de las plantas y animales de su entorno, descubrió la potencial aplicación práctica que los venenos naturales podían tener en la vida cotidiana. Se tiene constancia del curare desde principios del siglo XVI. Quedó escrito que Juan de la Cosa, geógrafo de Colón, murió por una flecha impregnada en pasta de curare.

Pero, ¿qué es el curare?

Esta sustancia era ya utilizada por pueblos indígenas de América del Sur, África, Asia y Oceanía. La untaban en puntas de flechas y dardos para cerbatanas con los que emponzoñar a sus presas. Es por esto que no hay una receta única.

La receta común suele incluir cortezas de árboles, raíces de plantas venenosas, tallos, zarcillos y (a veces) venenos de serpiente. Las principales plantas implicadas son de las familias de las Menispermáceas y Loganiáceas, de las que hay diferentes especies según la región.

El curare produce parálisis progresiva y finalmente muerte por asfixia. El curare sólo es venenoso si se mezcla con la sangre, produciendo el bloqueo de la conducción nerviosa e inhibiendo la acción de la acetilcolina uniéndose los receptores nicotínicos, bloqueándolos y paralizando toda la musculatura, incluyendo la respiratoria y cardíaca, causando la muerte por asfixia.

Aún a dosis mínimas su efecto es letal y se debe a la acción de varios alcaloides. Uno de ellos es la curarina o d-tubocuranina, que se emplea en medicina como anestésico. Porque como decía Paracelso, todo es veneno dependiendo de la dosis.

Cicuta, el veneno de la antigua Grecia

La cicuta es una planta, Conium maculatum, que pasó a la historia por ser la causante de la muerte de Sócrates, si nos olvidamos de los que lo juzgaron y condenaron por no adorar a los dioses y corromper a la juventud (bonito eufemismo).  La infusión que tomó Sócrates fue mortal de necesidad debido a la coniína (o cicutina), el mayor principio activo de la planta. Es un neurotóxico que funciona igual que la curanina.

En pequeñas dosis tiene acción sedante y analgésica. En dosis tóxicas se produce: sensación de ardor, náuseas, nerviosismo, temblores y debilidad. Posteriormente, se presenta parálisis, que empieza en los miembros inferiores, y confusión mental. Finalmente se produce parálisis muscular y muerte por parada respiratoria y asfixia. El fallo renal es sólo un plus.

La muerte puede tardar varias horas en producirse, y al no ser afectado el sistema nervioso central, la persona permanece consciente y lúcida hasta un estado avanzado de la intoxicación. Vamos, resumiendo, que Sócrates no murió plácida y rápidamente.

Podría parecer que las sentencias griegas eran más benévolas por permitir el envenenamiento a otras muertes más sangrientas, pero eran igualmente sufridas.

Tetradotoxina y la muerte por sushi

Seguimos en el campo de los neurotóxicos. El fugu, nombre con el que es conocido el pez globo en Japón, ha sido consumido durante siglos y es actualmente considerado una delicia culinaria en muchas zonas del mundo.

La presencia de una toxina potencialmente mortal para el ser humano (tetradotoxina), ha hecho que su consumo sea controlado de manera más estricta y su manipulación limitada a cocineros específicamente formados. A pesar de ello, continúa habiendo casos de intoxicación secundaria a su consumo.

Inicialmente se atribuía la presencia de la TTX exclusivamente al pez globo. Sin embargo, desde su hallazgo casual en un anfibio (tritón de California) en Estados Unidos, la toxina ha sido aislada en otras especies tanto terrestres, como marinas.

El origen de la TTX es aún desconocido. Inicialmente existía la hipótesis de que fuera fruto del propio metabolismo del pez (por tanto, endógeno), sin embargo en los últimos años se han descubierto varios hallazgos que apuntan más hacia un origen exógeno: se han descrito varios tipos de bacterias con función endosimbionte en el pez (como nuestra flora intestinal), que producen TTX.

No existe antídoto. Se ha observado en algunos pacientes con dolor crónico, una alteración de la expresión en los canales de sodio en el sistema nervioso. Así la toxina ha sido utilizada en varios ensayos clínicos a dosis muy bajas en inyecciones intramusculares, como un potente agente terapéutico para el dolor.

Arsénico por compasión

Cambiamos de tercio a un veneno inorgánico. El arsénico es el denominado rey de los venenos. Tóxico en sus variedades orgánicas e inorgánicas, causa de muerte de reyes y emperadores.

Es muy común la intoxicación debido al agua, ya que por donde fluye antes de su captación o por contaminación industrial o de pesticidas. El arsénico se presenta como As3+ (arsenito) y As5+ (arseniato, abundante), de las cuales el arsenito es el más tóxico para el ser humano.

La entrada del arsénico al organismo ocurre principalmente a través de la ingestión o la inhalación. En la dieta, las principales fuentes de arsénico son los mariscos y pescados, seguido de cereales como el arroz, las setas comestibles y la carne de pollo

Se sabe que el arsénico, al combinarse con ciertas enzimas, interfiere con el metabolismo celular, presentándose náuseas y dolor abdominal, seguido por la paralización del sistema circulatorio. Se destruyen glóbulos rojos y daño en los riñones.

Una de los síntomas de una intoxicación aguda y rápida, además de la muerte, es la perfecta conservación del cadáver, el cual se momifica. Así encontraron a Napoleón, tal cual lo enterraron. Por eso siempre se ha rumoreado que fue envenenado por arsénico.

Belladona, y el regreso de las brujas

La Atropa belladonna es un arbusto con poca resistencia al sol, por lo que se encuentra en zonas oscuras y de sombra.

Esta planta pertenece a la clásica farmacopea de las “hierbas de las brujas”. La belladona ha sido objeto de creencias, leyendas y fábulas diversas. En el antiguo Egipto como narcótico, en las orgías griegas como afrodisíaco, en las ofrendas romanas a Atenea, en Siria como antidepresivo, y en tierras celtas para honrar a la diosa de la guerra. En la Edad Media su uso y difusión pasa a ser secreto y se relaciona a la alquimia y las brujas.

Debido a sus alcaloides, es capaz de provocar estados de coma o muerte si es mal administrada. En dosis tóxicas provoca cuadros de delirio y alucinaciones. En medicina se usa como anestésico, antiespasmódico en neumonías y para tratar el Párkinson.

Los alcaloides que están en mayor cantidad son la hiosciamina, la atropina y la escopolamina.

La hiosocianamida puede producir náuseas, vómitos y alucinaciones. La escopolamina o burundanga puede causar delirio, y otras psicosis, parálisis, estupor y la muerte. En algunos casos puede acompañarse de amnesia temporal o somnolencia, por lo que es usada para delinquir, drogando a personas y anulando su voluntad. La atropina produce síntomas similares a la hiosocianamida, pero afecta a más órganos y es más difícil de combatir.

Cianuro y la manzana envenenada

El famosos veneno que huele a almendras amargas. No siempre emana olor y no todas las personas pueden detectarlo, pues está comprobado que la capacidad de detectarlo está en un gen recesivo asociado al cromosoma X femenino. El ácido cianhídrico y sus sales (cianuros) son muy venenosos y altamente volátiles.

Es potencialmente letal, actuando como tóxico a través de la inhibición del complejo citocromo c oxidasa, y por tanto, bloqueando la respiración celular. En consecuencia, impide la homeostasis de las células. Simplificando, impide que el oxígeno portado por los glóbulos rojos pueda ser utilizado.

Es un producto que se encuentra habitualmente en la naturaleza en diversos microorganismos, insectos y en el estado de crecimiento de muchas plantas como un mecanismo de protección.

El cianuro está presente en forma natural en algunos alimentos como las almendras, las nueces, las castañas, la parte interna de las semillas de frutas como los melocotones, y las pepitas de muchas otras frutas como la manzana.

Y hablando de manzanas, la manzana envenenada más famosa de la historia. No, no hablamos de la manzana de Blancanieves, sino la que usó el matemático que sentó las bases de la computación, Alan Turing. Este se quitó la vida, tras ser condenado por homosexualidad a castración química por el gobierno británico. Fue su premio por ayudar a ganar la segunda guerra mundial descifrando los códigos nazis y la máquina enigma.

Ántrax y la guerra química

El ántrax es una enfermedad aguda producida por la bacteria Bacillus anthracis, que puede ser letal en todas sus formas. Los humanos lo contraemos por exposición a la sangre o a los tejidos de animales infectados. Si nos los comemos, o si nos exponemos a una gran cantidad de esporas del mismo. Estas pueden sobrevivir durante décadas en casi cualquier ambiente.

Lo realmente peligroso de las esporas de ántrax es que se pueden hacer crecer in vitro y posteriormente usarlas como un arma biológica. Ya ocurrió en el 2001, cuando Bruce Edwards Ivins envió sobres de ántrax con el objetivo de colapsar el sistema postal de EEUU y provocó cinco muertes.

El ántrax no se contagia directamente, sino que, al ser esporas, se transportan en la ropa. Un cadáver de una persona que falleció por ántrax es una fuente muy peligrosa de esporas.

El ántrax infecta de tres maneras: por ingestión (intestinos), por inhalación (pulmones) o de manera cutánea (piel). Cada una de estas maneras causa síntomas diferentes, pero lo normal es que se aísle a cualquier persona sospechosa de haberlo contraído.

La manera más peligrosa es por inhalación. Es la que se usa en ataques bioterroristas y la mortalidad, aun tratando pronto la infección, es casi del 100%. Empieza como una gripe que no se cura y el sistema respiratorio se acaba colapsando. Si se contrae por ingestión al comer carne infectada por ántrax, se vomita sangre, se tiene diarrea, se inflama el intestino y se pierde el apetito. Esta forma de infección es tratable y la mortalidad varía entre el 25% y el 60%.

Ricino, espías y un paraguas

En 1978, el disidente búlgaro Georgi Markov fue asesinado por un agente de la policía secreta búlgara quien le disparó en una pierna en una calle londinense, con una pistola de aire comprimido camuflada como un paraguas (conocido como paraguas búlgaro) un pequeño perdigón contaminado con ricina.

Estados Unidos investigó la ricina por su potencial militar durante la Primera Guerra Mundial. En esa época, se estaba considerando para su uso como polvo tóxico o como una capa para las balas y metralla. La guerra terminó antes de que se convirtiera en un arma.

La ricina es una de las toxinas más potentes conocidas, la cual se extrae de las semillas del ricino. El extracto de las semillas aglutina las células sanguíneas. Según la vía de exposición, la ricina causa diversos síntomas desde hemorragia intestinal, seguida de diarrea a veces sanguinolenta, vómitos, dolor abdominal, deshidratación e hipotensión. Por vía inhalatoria podría causar congestión, neumonitis y sibilancias. Como inmunotoxina en el tratamiento de cáncer, como la llamada “bala mágica” para atacar específicamente las células cancerígenas y destruirlas.

Bótox y la adicción al quirófano

La toxina botulínica, más conocida como botox (la marca del primer medicamento de este tipo que se comercializó), es en realidad la toxina que produce el botulismo.

Sin embargo, se aprovecha su capacidad de producir parálisis muscular para utilizarla con fines médicos en el tratamiento de ciertas enfermedades neurológicas. Y en medicina estética para las arrugas de expresión.

Sin embargo, curiosamente, la primera aplicación clínica de la infiltración local de toxina botulínica se realizó en 1977. Como tratamiento corrector del estrabismo.

Es una neurotoxina elaborada por una bacteria denominada Clostridium botulinum. Se trata de uno de los venenos más poderosos que existen.

La enfermedad del botulismo se caracteriza por el desarrollo de alteraciones como náuseas y vómitos y parálisis muscular progresiva. Puede llegar a ser causa de muerte al afectar la función respiratoria.

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Adán Correa Álvarez

Fan del gato de Schrödinger. Quiero una nariz superlativa. En esta casa se siguen las reglas de la termo. Dinámica. A veces me hacen falta subtítulos. Complejo. Graduado en Ciencias Químicas porque me gustaba la Investigación. Ahora Investigo cómo encontrar trabajo con las Ciencias Químicas. Mientras tanto, divulgo.

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